Palacio de Bendaña: 120 años a través de una exposición fotográfica.

Las paredes del Palacio de Bendaña acogen desde hoy un autohomenaje. Se trata de una exposición fotográfica que repasa los últimos prácticamente 120 años de historia del espacio que hoy ocupa el Museo Fournier de Naipes de Álava.

El Palacio de los Arrieta-Maestu, conocido a partir del siglo XIX como Palacio de Bendaña, fue construido en el siglo XVI sobre restos medievales que aún se conservan. Alojó a ilustres personajes y fue habitado y utilizado por distintas familias vitorianas y foráneas, hasta que finalmente en 1994 la Diputación Foral de Álava instaló el Museo Fournier de Naipes en este edificio.

Desde: 13/11/2018 Hasta: 26/05/2019

Existen en varios archivos numerosas fotografías del palacio tomadas con diferentes perspectivas. Algunas de ellas permiten aproximarnos a las distintas personas y hechos que se han sucedido en el edificio a lo largo de los siglos, a los usos y actividades que se han desarrollado en este espacio.

Las fotografías más antiguas pueden fecharse hacia 1900. En su mayoría, hablan de un pasado reciente, del siglo XX, en blanco y negro. Al presentarlas en esta publicación, se pretende dar luz, y también color, a estas Historias de Bendaña.

Las piedras

El propio edificio, sus piedras y otros materiales, dan cuenta de la historia del palacio. Además de algunos restos medievales, se aprecian ventanas de diferente tamaño y a diferentes alturas. Los escudos, también de piedra, van incorporando las armas de las sucesivas alianzas familiares que lo ocuparon.

En este solar de la Cuchillería, la torre medieval de los Maestu que aún se conserva, quedó englobada en el interior de las construcciones erigidas por Juan López de Arrieta poco antes de 1536. A esta primera fase del palacio, correspondería la puerta apuntada con los escudos de los Arrieta-Maestu, el alfiz de bolas y el cordón, así como otras ventanas de la fachada también decoradas con bolas. Juan López de Arrieta, procurador en la Audiencia de la Real Chancillería de Valladolid, era nieto de María Martínez de Maestu, poseedora de la torre del siglo XV, y padre de Pedro López de Arrieta, oidor del Consejo Real y jurista destacado del reinado de Carlos I.

En los años centrales del siglo XVI (1545 – 1546), Pedro López de Arrieta y María de Escoriaza, construyen la parte principal del palacio renacentista: la distribución interior, las galerías con arquería en las tres plantas y la escalera cubierta por una bóveda octogonal estrellada. Estas obras fueron realizadas por el cantero guipuzcoano, Domingo de Orio.

Los escudos de los Arrieta-Maestu se sitúan en los intercolumnios de la planta baja del patio, mientras que entre las ventanas de la escalera se aprecian los de las familias Arrieta-Maestu y Escoriaza.

Entre 1556 y 1560 se sitúa la tercera fase del palacio. El matrimonio Arrieta-Escoriaza encargó a los canteros Pedro de Elosu y Juan de Echávarri la construcción de otro cuerpo de menor altura adosado al palacio, con una galería en la planta alta y un torreón esquinal.

Finalmente en 1586 debieron realizarse otras obras menores a cargo del escultor Esteban de Velasco y los canteros San Juan de Larraondo y Domingo de Sarasua.

En el siglo XVI, los municipios se preocupan por la salubridad de los cascos urbanos e impulsan obras para hacer los edificios más funcionales y atractivos. Es frecuente la construcción de galerías, ampliación de ventanas y otras reformas para el adorno de la ciudad. Las portadas, patios y escaleras adquieren una mayor importancia.

En el caso vitoriano, también se construyen edificios de nueva planta, como el Palacio de Villa Suso, del embajador Martín de Salinas, el de Escoriaza-Esquivel del doctor Fernán López de Escoriaza, el de Montehermoso de Ortuño Ibañez de Aguirre, o el de los Arrieta-Maestu.

Estas actuaciones servían también para impulsar el prestigio social y las virtudes de sus promotores. Así, en el Palacio de Bendaña el torreón medievalizante, más que una función defensiva tiene un carácter de ostentación.

Por otra parte, los héroes y representaciones de las claves de la escalera del palacio, simbolizan al ciudadano virtuoso del Renacimiento.

Hasta el siglo XX, a pesar del envejecimiento de los materiales y el desgaste por uso del edificio, el palacio se mantuvo sin cambios importantes en su estructura, a excepción del derribo del ala norte, motivado por la reordenación urbanística para el ensanchamiento de los cantones.

Hacia 1942, una piedra más vino a sumarse al palacio. Al desmantelarse el antiguo matadero de la Correría, el escudo de la ciudad fue rescatado por la familia Aguirre y conservado embutido en uno de los muros.

Tras la adquisición del palacio para destinarlo a Museo Fournier de Naipes, entre 1992 y 1994 el edificio fue sometido a importantes obras de consolidación estructural y de reposición de elementos perdidos. Las obras acometidas en instalaciones, accesos y servicios para su adaptación a los nuevos usos, respetaron su estructura. Al mismo tiempo se restituyó el espacio colindante al cantón de Santa Ana que había sido demolido a principios del siglo XX.

Los nombres María Martínez de Maestu, Juan López de Arrieta, Pedro López de Arrieta, María de Escoriaza y pocos nombres más conocemos hasta el momento sobre quienes habitaron entre estos muros.

Josefa López de Arrieta y Barrientos, dueña del palacio y del mayorazgo a mediados del siglo XVII, se encontraba establecida en Valladolid, por lo que permitió a su tío, el capitán Bernardino de Isunza, ocuparlo como vivienda. En el testamento de éste en 1687, se describe el mobiliario, tapices y un gran número de pinturas que pudieron haber decorado las paredes del palacio, entre ellas, el retrato de su esposa Antonia de Eguíluz y del Barco, pintado por Juan de Amigo en 1657 y que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Álava.

En el siglo XIX, el mayorazgo de Arrieta se encontraba vinculado al de Bendaña, linaje de origen gallego con este título creado en 1692 por Carlos II, y del que procede la denominación Palacio de Bendaña. En 1886 fue vendido por el entonces poseedor del mayorazgo de Arrieta, Tomás Piñeiro y Aguilar, 9º Marqués de Bendaña, a un vecino de Vitoria. Posteriormente, en las primeras décadas del siglo XX, fue adquirido por Teodoro Aguirre.

Los usos

A lo largo de su historia, el palacio ha permanecido desocupado en diferentes momentos. Varias fotografías de comienzos del siglo XX atestiguan el estado de abandono en que se encontraba por falta de mantenimiento. A partir de entonces, comenzaron a dársele nuevos usos al edificio. Se tiene constancia que algunos espacios sirvieron de estudio para artistas. Hacia 1912, el pintor Ángel Olarte estableció aquí su taller, junto con el escultor Daniel González y otros artistas.

El palacio fue además escenario de ocasionales representaciones teatrales y musicales, de las que ha quedado constancia en archivos y hemerotecas, como el “Concierto nocturno” que tuvo lugar los días 4 y 7 de octubre de 1916. En él, y posiblemente como iniciativa del artista Obdulio López de Uralde, participaron los músicos San Martín, Arámburu, Estébanez, Eguía, Quejana e Ibarzabal.

Es más que posible la relación de otros músicos con el palacio y con el propio López de Uralde. En 1933 José Uruñuela publicó “El clavecín de Bendaña”, un repertorio musical para piano en cuya portada se incluyó una litografía del interior del palacio firmada por Obdulio López de Uralde. Este artista realizó numerosos diseños y otros trabajos para la carpintería de los Aguirre.

Los herederos de Teodoro Aguirre continuaron utilizando el edificio y solares anexos para la fabricación y exposición de muebles. Levantaron tejavanas y naves en el patio, jardín y solares contiguos, mientras que el palacio era utilizado como almacén de material y exposición de mobiliario y otros objetos de ebanistería. Las obras de decoración con empapelados y paneles de madera y yeso, sirvieron únicamente como ocultación de las partes degradadas, y contribuyeron decisivamente a la conservación del edificio.

Entre 1940 y 1942 continuó la presencia de artistas en el palacio de Bendaña, principalmente en los meses de verano, coincidiendo con las fiestas de Vitoria. Se organizaron exposiciones en las salas que albergaban el mobiliario producido por la empresa; pinturas de Gustavo de Maeztu en 1940, y en 1941 obras de Basiano Martínez, acuarelas de Miguel Jimeno y fotografías de Gerardo López de Guereñu, así como otras obras de Jesús Apellániz, Víctor Landeta, etc.

A partir de 1960 la mayor parte de la obra escultórica de Josetxu Aguirre fue elaborada en el taller familiar instalado en este palacio.

Bendañako istorioak / Historias de Bendaña
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