Carnavales rurales de Álava

Hoy en día apenas quedan Carnavales Rurales en Álava: Zalduondo, Okariz, Santa Cruz de Campezo y Salcedo. Y los recientemente recuperados del valle de Kuartango y los pueblos de Ilarduia-Egino-Andoin (Asparrena).

Antaño, antes de la Guerra Civil, la mayoría de los pueblos alaveses gozaban de un festejo que ponía colorido y música a sus austeras vidas. No era un espectáculo para ser contemplado, sino vivido; era una fiesta en el sentido pleno de la palabra, un acontecimiento donde todos lo vivían con gran ilusión, sobre todo los jóvenes, que eran los actores principales de la misma.


Vestimenta

En general, los jóvenes no compraban nada (excepto, en algún caso, las caretas); todos los materiales los conseguían de los desvanes, cuadras y cabañas de su propia casa. Utilizaban vestidos viejos, sacos, pieles, sobrecamas, capotes de los pastores. Los más valientes desafiaban el frío, saliendo desnudos de cintura para arriba, pintados de negro. No era extraño usar elementos vegetales para ocultar la identidad: hojas y pelo de maíz, hiedras.

En la cabeza portaban gorros de paja o de lana, pasamontañas. El rostro lo encubrían con máscaras, mantillas, medias, huesos, nabos, cintas; también con pintura negra o roja. Era fundamental que nadie les reconociese.

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En las manos llevaban diversos elementos: vejigas de cerdo hinchadas (“putxikas”), palos largos, horquijas/sardas, trallas de gatos o yeguas, escobas, mimbres, hisopos de crin de yegua, porras de pastor, varas de avellano. Con ello perseguían a los niños de la localidad, los cuales podían refugiarse en el pórtico de la iglesia, lugar inviolable por los disfrazados.

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Era común que portasen diversos instrumentos con los que producir un fuerte ruido: carracas, matracas, almireces, cascabeles. También emitían “irrintzis” u otros gritos.

A los jóvenes les gustaba imitar los diversos oficios de su entorno y se disfrazaban de pastor, herrero, quincallero, hojalatero, cura, barrendero.

Para evitar ser reconocidos, disimulaban su identidad con defectos físicos: cojera, chepa, barriga enorme. Algunos eran enanos o gigantes.

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Para recoger la comida llevaban cestos con paja para los huevos, cazuelas, cestas, alforjas.


Personajes

Con frecuencia nos encontramos a un personaje principal: Markitos (Zalduondo), Hombre de Paja (Ilarduia-Egino-Andoin), Porretero (Salcedo), Toribio (Santa Cruz de Campezo), etc. Le acusan de todos los males acaecidos en la población a lo largo del año, ejecutándolo por ello.

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También vemos a otros personajes habituales; uno de ellos es la Vieja. En algunos lugares era ella la protagonista de la fiesta a la que se le quemaba.

El Oso es bastante habitual en el Carnaval Rural de Álava. Se conserva en Kuartango y Zalduondo; antaño también salía, al menos, en el Carnaval de Ullíbarri-Arana, Ametzaga Asparrena, Araia, Aramaio, Salinas de Añana, Andoin y Fresneda.

Era costumbre que dos jóvenes hicieran de bueyes, para arrastrar un carro en el que transportaban las aulagas para el fuego de la plaza.

En diversos lugares, tres jóvenes representaban a la autoridad local. Salían disfrazados con sus peculiares capas y marchaban al final de la comitiva carnavalesca.

Carnaval de Ilarduia, Egino y Andoin
Carnaval de Ilarduia, Egino y Andoin

Carnaval de Ilarduia, Egino y Andoin.


Tiempo de transgresión

Carnaval ha sido el tiempo de la transgresión. Se manifestaba, por ejemplo, en el robo. Los jóvenes, además de lo que les daban las mujeres de la localidad, se apoderaban de todo lo que encontraban a su paso: gallinas, conejos, huevos, cazuelas con comida, etc. Compartir estas aventuras en las tertulias se convertía en un momento de gran deleite para ellos.

Al paso de la comitiva carnavalesca, los disfrazados podían arrojar o manchar con diversos elementos: ceniza, harina, agua… Incluso la basura fue muy utilizada en estas lides. Acudir a este festejo con un destacado y buen vestido invitaba a ser el centro de las miradas de los disfrazados —y no era precisamente para bien—.

Las escenas jocosas se repetían de una u otra manera. En muchos casos representaban a situaciones reales: un embarazo problemático, una relación no aceptada (un viejo casado con una joven), un defecto conocido (bebedor, usurero), un enfrentamiento entre vecinos, etc. Todos reían… menos los afectados.

Eran muy habituales las bromas juveniles (esconder un apero de labranza, etc).

Durante varios días no faltaban la comida ni la bebida. La música animaba los pasacalles y las tertulias. Se dormía poco y, normalmente, en los pajares.


El Carnaval de Agurain

Algunas localidades, por su mayor tamaño y por ser la capital administrativa de una zona, se convertían en focos de atracción para los jóvenes del entorno —al menos alguno de los días del Carnaval—. Uno de los más significativos fue Agurain. Los Carnavales de esta villa fueron los más importantes y espectaculares de La Llanada.

 

 

 

 

FUENTE: EUSKONEWS

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